Cóctel De Esperanzas

Cóctel de Esperanzas, una historia por Ginevra.

Capítulo 1
Era mitad de junio y al fin había acabado el instituto, al año siguiente Romina iría a la universidad. Llegó a casa con ganas de comer y cambiarse.
– ¡Ya estoy en casaaaa!- anunció, atravesando el umbral.
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Ramón, su padre, estaba viendo el canal de deportes, le faltaba la cerveza y los cacahuetes.
– Hola papá- le dijo, pues parecía muy absorto.
– Hola cariño… ¡Venga corre inútil! ¡Tomaaaa!
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Pasó a la cocina, donde su madre cacharreaba. Cuando decía cómo se llamaba sus padres a la gente le hacía gracia, pues eran Ramón y Ramona.
– ¿Ya estás aquí cariño?- dijo dulcemente Ramona, removiendo la comida.
– Hm ¡Qué bien huele!
– Es para cenar. Llama a Sara y Clara, están en el jardín.
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Salió por la puerta de la cocina que daba al jardín. Allí estaban sus dos hermanas pequeñas, mellizas, aunque no se parecían en casi nada.
– Peques, vamos a comer, así que lavaros las manos, cochinotas.
– Espera, que voy ganando- dijo Clara, saltando calculadoramente.
– ¡Mentira! Voy ganando yo- contradijo Sara.
– No os tardéis, que sois más lentas que una tortuga…
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Después subió al cuarto. La casa era pequeñita para los seis miembros, solo habían dos habitaciones. Las cuatro hermanas dormían en la misma habitación, pequeñísima. La hermana mediana, que era solo un año más pequeña que ella, era muy diferente de ella.
– Laura, vamos a comer…
– Voy- dijo secamente. Estaba chateando y no hacía ni caso.
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Romina se puso cómoda. El uniforme le gustaba, le daba pena no volver a ponérselo nunca. Lo plegó con cariño y lo guardó en el armario, apretujado.
– Laura, venga, que ya estará la mesa puesta a este ritmo- la apremió al ver que no se despegaba del ordenador.
– Voooooy, mira que eres pesada. A ver si te relajas chica.
Romina estaba acostumbrada a que Laura fuese así de cortante. Era una mala alumna y muy coquetona, todo lo contrario que ella.
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A los diez minutos estaban todos comiendo. Romina era feliz con su familia, sus padres eran muy guays y sus hermanas adorables, menos cuando Laura se ponía tonta. Su casa, aunque pequeña, era acogedora. Se sentía muy cómoda, y en parte le asustaba ir a la universidad por si todo eso cambiaba.
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– Churri, te he dicho que no me gusta que pongas la tele mientras comemos- comentó Ramona, mirando de reojo a su marido.
– Es que así están calladas estas dos renacuajos.
– ¡Eh! ¡Soy mayor!- chilló Sara.
– Calla gnomo- le dijo Laura, aguantando la risa.
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– Por cierto chicas, este verano vamos a tener un estudiante de acogida- comentó Ramón.
– ¿Pero a esos no hay que pagarles?- preguntó Laura, dejando de comer.
– Sí, pero tenemos ahorrado aparte lo que tendríamos que darle- contestó Ramón.
– ¿Y por qué? ¿Por qué gastarse el dinero en eso?- volvió a preguntar Laura, parecía indignada.
– Laura no me gusta que digas esas cosas- dijo su padre, poniéndose serio.
– Es algo bonito y algo bueno, algo que os servirá para ese estudiante y vosotras, así salís de la monotonía- dijo Ramona, echándole un cable a su marido.
– ¡Yo quiero estudianteeee!- chilló Sara.
– Está muy bien pero… ¿Dónde dormirá?- preguntó Romina.
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– No te preocupes por eso, una de las niñas dormirá con nosotros y él o ella dormirá en su cama. Normalmente será una chica, nos lo confirmarán mañana- dijo Ramón.
– ¿Y cuándo viene?- preguntaron Romina y Laura a la vez.
– Normalmente, en dos días.
Después de comer Romina fregó los platos. Estaba pensativa, la verdad, no le importaba mucho que viniese un estudiante de fuera a pasar las vacaciones con ellos. Si era chica tal vez se hicieran amigas, y si era chico, pues bien también.
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A la hora de dormir las peques a veces se alteraban y se portaban mal. Laura estaba chateando y Romina empezaba a estresarse.
– ¡Sara! Pasa a tu cama, va.
– Jooooo.
– No protestes y duérmete ya, que mañana nos levantamos temprano.
– ¿Por? –preguntó Clara.
– Vamos a comprar.
– ¿Por la mañana?
– ¡Yo no voy!
– ¡Ni yo!
– ¡Callaros ya! ¡Laura!
– ¿Qué?
– Deja eso ya, copón.
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Una vez metidas todas en sus respectivas camas, se pusieron a charlar sobre el estudiante.
– ¡Seguro que será chica y será muy guapa! –dijo Clara.
– Será chico y será guapo- dijo Sara.
– Será… ¡Qué os calléis! Me duele la cabeza y no quiero oír hablar de ese tema- chilló Laura.
– ¿Tienes la regla o qué?- le espetó Clara.
– ¡Pues sí!
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– ¡Bueno y yo estoy pre-reglosa! Y quiero dormir, gordas- dijo Romina, suspirando.
– Yo no quiero tener la regla- comentó Clara.
– Pues yo sí, significa que te conviertes en mujer- le contradijo Sara.
– Ya cambiaréis de opinión… menudo coñazo- dijo Laura, dándose la vuelta.
Se quedaron calladas. Romina empezó a contar, cuando estaban más de treinta segundos calladas es que ya podía dormir tranquilamente.
Al fin vacaciones, podría relajarse antes de meterse en el estrés de la universidad, cada vez que lo pensaba se ponía nerviosa. Al final no conseguiría conciliar el sueño…

 

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Capítulo 2

– ¡¿Habéis guardado la ropa, gordas?!- preguntó Laura, mirando a sus hermanas pequeñas.
– Y la tuya también, vaga- respondió Clara, sin aparatar la mirada de la televisión.
– Así me gusta, pedorra- dijo Laura en tono burlón, pero cariñoso.
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Romina estaba fuera, con su novio Raúl.
– ¿Y no os han dicho tus padres si es chico o chica?
– No, sorpresa. Ellos lo supieron la noche que nos dijeron que venía- contestó Romina-. Pero no te importa que venga al campo con nosotros cuatro ¿no?
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– Hmmm, no sé, primero espérate  a ver si os cae bien, que ya sabes que Laura es especialita. A mi primo no creo que le importe… a ver si lo consigo liar con tu hermana…
– Déjate de eso, ella es muy coqueta, no me hace gracia que ande con tantos chicos- protestó Romina.
– Bah, si ya tiene diecisiete años ¿Qué quieres? ¿Qué se meta a monja?
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– Ay, todo lo sacas de contexto. Bueno, vete ya, que mis padres estarán al caer con él o ella.
– Está bien… Nos vemos mañana…
– Ay…
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Raúl se alejó de ella, saliendo de la parcela de la casa. Llevaban saliendo solo un mes escaso. Ella no estaba del todo segura, a veces era bastante agradable y otras, con otras personas, era brusco y un poco chulo. Tal vez con el tiempo se enamoraría…
Entró en casa, donde sus hermanas estaban mirando la tele.
– ¿Habéis recogido la habitación?-preguntó.
– Síiiiiiiii- respondió Clara.
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Se sentó a esperar a que llegasen, mirando cada poco el reloj. Faltaba menos. Laura estaba sumida en sus pensamientos y las peques distraídas jugando a la consola. Romina estaba con el oído agudizado, escuchando cualquier ruido exterior. Hasta que al fin, cuando empezaba a oscurecer, escuchó el coche entrar en la parcela.
– ¡Ya están aquí!- exclamó Laura, escuchando las puertas del coche cerrarse.
– Apagar la consola o mamá os mata- dijo Romina.
– Voooooy- dijo Sara, mientras escuchaban hurgar la llave en la puerta principal.
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Apagaron rápidamente la tele y se pusieron en pie, viendo entrar a sus padres. Las cuatro estaban expectantes. ¿Se llevarían bien con esa persona? ¿Sería una chica idiota? ¿Un chico guapo?
– ¡Ya estamos aquí!- anunció Ramona.
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Las cuatro estaban estupefactas.
– Hola.
Laura parecía decepcionada. En cambio las peques encantadas. Romina indiferente, lo que quería era que fuese buena persona.
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Se sentaron todos alrededor de la mesa. Ramona había preparado rápidamente una tostada a la chica. Se llama Irina, era rusa. Parecía simpática, así que Romina se relajó un poco.
– Os la llevaréis con vosotros al campo- dijo Ramona.
– Sí, mamá, no te preocupes- dijo Romina, después bajó la voz-. No te apresures, a lo mejor no quiere venir  o es alérgica a algo del campo…
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– Mamá, yo no quiero ir, prefiero ir a la playa ¿Por qué no podemos ir a la playa?
– Justamente Lau, porque no te gusta, ese será tu castigo por las malas notas- dijo Ramón.
– Absurdo- susurró Laura.
– Yo quiero ir- dijo Clara, pero nadie le hizo caso.
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– Además, es solo el fin de semana ¿qué más te da? Son solo dos días, y seguro que lo pasarás bien al final- comentó Ramona.
– Pero es la fiesta de mi amiga María ¡Y me la voy a perder!
– Ya hablaremos del tema después, ahora no es momento- zanjó la cuestión Ramón.
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– Bueno Irina, cuéntanos ¿ya habías venido aquí?- preguntó Ramona, cambiando el tema.
– Sí, con mi familia el año pasado. Tengo pensado estudiar aquí este año, así que cuando termine de estar con vosotros volveré un mes a Rusia y, si puedo, regresaré a estudiar a la ciudad.
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– Oye, pues hablas muy bien- dijo Romina, sorprendida de la fluidez con que hablaba.
– Cierto, hablas mejor que algunos de aquí, je je je- comentó Ramón, riéndose él solo.
– Gracias. Llevo muchos años estudiando el castellano, sería grave que no lo hablase bien.
– ¿Y qué quieres estudiar? – preguntó Ramona.
– Medicina.
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– ¡Uala! ¡Como yo!- exclamó emocionada Romina- ¡Este año voy a la universidad!
– Pues si al final viene a estudiar aquí podríais coincidir en clase- pensó en voz alta Ramona.
El resto de la noche la pasaron bien charlando. Irina era una chica muy alegre, no se hacía pesada y tampoco era tímida. Romina estaba muy contenta.
– La puerta de la izquierda es la habitación de mis padres, la del medio el baño y esta nuestro cuarto- indicó Romina.
– Que cuca la casa.
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Entraron en el ínfimo cuarto.
-Esta es nuestra minúscula habitación. Pequeña, pero cómoda- dijo Romina.
– Es pequeña pero bonita. Me gusta.
– Me alegro. Pues ¿dónde prefieres dormir?
– ¿Puedo arriba? Me hace ilusión, nunca he dormido en una litera.
– Toda tuya.
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Romina empezó a cambiarse, era ya muy tarde y estaba cansada. Irina empezó a observar la habitación con detenimiento.
– Es muy acogedora, me encanta- dijo de verdad, no mentía.
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– ¡Ah!- exclamó de repente- ¿Puedo meterme en internet? Es para mandarle un mail a mi madre.
– ¡Claro mujer!
Mientras Clara y Laura llegaban y empezaban a cambiarse, Irina escribió en silencio su mensaje. Sara era la que dormía con los padres, pero no quería irse de la habitación.
– ¡Pero no habléis! ¡Jo! ¡Me lo voy a perder!- protestaba la chiquilla.
– ¡Lárgate ya! Que es tarde, leches- le espetó Laura, poniéndose el pijama.
– ¡No!
– Sara no seas pesada, vete o mamá te castigará- dijo Romina, empezando a cabrearse.
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Irina se cambió y todo y Sara aún no se había marchado, aprovechó que Laura fue al baño para meterse en su cama.
– Sara, si quieres nos vamos turnando, pero vete ya, que son casi las dos- insistió Clara.
– Corre que como venga Lau y te vea te tira por la ventana- comentó Romina.
– Está bien, ya me vooooy.
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Al día siguiente le enseñaron el pueblo a Irina, fueron Laura y Romina, aunque Laura no tenía ganas.
– Y este era mi instituto hasta hace tres días. Pero Laura aún va a ir otro año.
– Pues está bastante bien- comentó Irina, le gustaba observar su entorno, le gustaba el turisteo.
– Que coñazo…- susurró Laura, afortunadamente nadie la escuchó.
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Siguieron caminando hasta llegar a la piscina pública. Normalmente Raúl estaría allí. En efecto, ahí estaba, tomando el sol.
– Este es mi novio…
– ¡Hola chicas!
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– Hola, me llamo Raúl- se auto presentó.
– Yo Irina, encantada- dijo ella cordialmente.
– Espero que no te estén cansando mucho el primer día. Vendrás el fin de semana al campo con nosotros ¿no?
– Supongo que sí.
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– No metas a tu primo de por medio- dijo Romina, mirando al cielo.
– ¿Cuál? ¿El buenorro?- preguntó Laura de repente interesada.
– Sí, el bacala- confirmó Raúl.
– Bueno, ya mañana por la noche hablamos para concretar la hora, que tu primo tengo entendido que es un lento- dijo Romina, poniendo fin al tema.
– Bueno, pues mañana te llamo.
– Ay…- la besó por sorpresa, tan brusco como siempre que había gente delante.
– Que bonitooo- dijo Irina, sonriendo.
– Uy sí, precioso- comentó irónicamente Laura, poniendo cara de asco.

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Capítulo 3

El viaje al campo había sido bastante animado, a pesar de que Romina no tragaba a Luís, el primo de Raúl, y que Laura estaba enfadada porque al final tenía que ir. La recompensa era que irían a la playa una semana.
Llegaron a la cabaña y Laura puso cara de asco.
– ¡Qué chulo!- exclamó Irina.
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– Es un asco.
– ¡Laura!- Romina cogió a su hermana y se puso a parte- Mira, tengamos estos dos días bien ¿vale? Deja de ser siempre tan caprichosa.
– ¡No me hables así!
– Eres menor y soy la responsable estos dos días de ti, así que no me marees.
– La que está mareada soy yo ¿vale? ¡¿Puedo irme a mi cama y tumbarme?! ¿O te tengo que pedir permiso?
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– ¿Te encuentras mal? Ves, te llevaré un té, a ver si te sienta bien.
– No necesito tus tés- espetó Laura, adentrándose en la cabaña.
Irina miró con cautela a Romina, pero no hizo ningún comentario.
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– ¡Venga chicas! ¡Vamos a armarlaaaa!
– Anda cállate Luís- dijo Romina.
– Joder que chica macho ¿cómo puedes salir con la estirada esta? Y seguro que es una frígida.
– ¡¿Vienes a la cocina, Irina?!- preguntó casi chillando Romina, no soportaba a ese chico.
– Sí- contestó la chica rápidamente, dando un botecito como si se hubiese escaldado.
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Entraron al fresquito de la cabaña, pasando a la cocina. Romina puso a calentar un cazo y metió un par de saquitos de té. Luís entró en la cabaña, dejando humo y olor a tabaco.
– No lo soportas ¿verdad?- comentó Irina cuando el otro volvió a salir.
– No, no lo trago ni con embudo… ¡Raúl! ¡RAÚL!- gritó, vigilando el té.
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Raúl entró en la casita y fue a la cocina.
– ¿Qué quieres?
– Dile a tu primo que no fume en la casa- espetó, mirándole fijamente.
– No puedo obligarle a hacer lo que quieras.
– No es lo que quiera, es un asco el puñetero humo del tabaco y no quiero oler a esa mierda ¿vale?
– Pues a mí no me dices nada cuando he fumado…
– ¿Cómo que no? ¡Si te he dicho diez veces que no me beses si has fumado!- exclamó indignada- Ya veo que no me haces ni puñetero caso.
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– Mira, cálmate y luego me hablas ¿vale? Ese tonito no me gusta nada, háblale así a tus hermanas pequeñas.
Salió de la casa, dejándolas solas otra vez. Escuchó que los dos hablaban y rompieron a carcajadas. Romina echaba chispas. Irina no sabía qué cara poner. Romina tenía ganas de volver a casa, pero sabía que pensaba eso en ese momento porque estaba enfurecida. Lo que tenía claro era que si eso continuaba así no lo iba a aguantar.
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Subieron el té a Laura, que estaba tumbada en la primera cama.
– ¿Estás mejor?- le preguntó Romina, intentando tranquilizarse.
– He vomitado, estoy menos mareada- contestó, incorporándose.
– ¿Quieres que volvamos a casa? ¿Quieres ir al médico?
– No, no, si no se me pasa sí, pero no estoy muy mal, voy mejorando…
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Irina y Romina decidieron hacer la comida. Raúl y Luís no aparecieron hasta que no los llamaron para comer, Romina no tenía ganas de verles, estaba muy cabreada. Laura bajó cuando ya estaba la mesa puesta.
– ¿Una ensalada? Esto es comida de mierda- espetó Luís.
– Pues come mierda- soltó Romina. Le habría tirado el plato a la cabeza si no le hubiera sentado mal tirar la comida.
– ¿Te encuentras mejor Laura?- preguntó un poco alto de más Irina, intentando cambiar el ambiente.
– Sí, gracias- aquellos momentos eran los buenos de Laura, cuando no era una creída egoísta caprichosa.
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– Esta noche cenamos hamburguesas, que esto da asco tío.
– ¿Por qué has hecho una ensalada?- preguntó Raúl, como indignado.
– ¡¿Por qué es verano y es saludable?!- chilló Romina, incrédula.
– Esto no hay quien lo coma tío- dijo Luís, apartando con asco el plato.
Romina estaba tan cabreada, con tanta ira que no podía hablar, ni siquiera tragar.
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– Pues está buenísima, eso es que no sabéis comer- comentó Irina con decisión, volviéndose a servir ensalada.
Luís no supo qué decir, solo se rió burlonamente y encendió un cigarrillo. Romina se sulfuró.
– Sal fuera a fumar eso…
– ¿Por qué? ¿Por qué me lo digas tu?
– ¡Porque estamos en un interior! ¡Porque no quiero tragarme la mierda de humo! ¡Y porque estamos comiendo!- chilló Romina.
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– Te pido por favor que salgas fuera- dijo seriamente Irina, mirándole fijamente.
Luís la miró sorprendido, pero la que se sorprendió fue Romina, pues él se levantó y salió de la casa, dando un portazo.
– ¿Tienes que ser así de desagradable?- le espetó Raúl. Se levantó y salió detrás de su primo.
Romina no se lo creía.
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Se levantó de la mesa y se metió en el baño. Cerró y se dejó caer algunas lágrimas de rabia e impotencia. Lo tenía claro, pensaba dejar a Raúl, era un completo imbécil. Estaba decidida a largarse a casa, apenas llevaban cuatro horas allí y ya no podía más.
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Al cabo de cinco minutos se tranquilizó. Salió del baño y vio a Irina recogiendo la mesa. Laura estaba tumbada en el sofá. Entró en la cocina, decidida a fregar, eso la relajaría un poco.
– ¿Estás mejor?- preguntó Irina, entendiendo sus intenciones.
– Sí, porque así sé que esto no va a ningún lado. No voy a permitir este trato a nadie.
– Me parece perfecto- asintió Irina.
– Siento que hayas tenido que presenciar esto- dijo Romina, empezando a notar que las lágrimas querían brotar otra vez.
– ¡No pasa nada! Tranquila, por lo menos no has estado sola y he podido apoyarte- dijo amablemente, de corazón.
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– Muchas gracias- consiguió articular Romina-. Eres un sol.
– Exagerada…
– Bueno, nos vamos a casa. Estar aquí es ridículo en esta situación- sentenció Romina.
– Normal.
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Romina salió de la cocina y se dirigió al exterior. Los dos estaban hablando de chorradas animadamente.
– Tengo que hablar contigo. Ahora.
Raúl la miró con suficiencia y se acercó a ella. Romina se puso en el mismo sitio que por la mañana con Laura.
– Nos vamos a casa, vosotros haced lo que queráis.
– Es que eres la leche, todo te irrita chica.
– ¿Perdona? ¡No si aún encima lo defiendes! Mira, estoy muuuy cabreada, así que no me provoques porque soy capaz de soltar sapos. Que sepas que lo nuestro no tiene sentido…
– Muy bien.
– Pues eso, muy bien. No puedo decir que no ha sido bonito mientras duró, porque no lo ha sido. Muchas gracias por nada.
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Terminada la conversación, Romina entró en la cabaña mucho más ligera. Laura e Irina, ya estaban preparadas. Laura parecía algo desubicada y contenta a la vez.
– Bueno, se nos acabó el campo este fin de semana- ironizó Irina.

Continuara…
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Una respuesta to “Cóctel De Esperanzas”

  1. cabra 18 octubre, 2012 a 19:23 -04:00Oct #

    Que continuee!! 😀

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